Historias ExitosasMeies MatzCapacitador de Benficencia Infantil, Universidad Estatal de Portland Meies Matz pasó la mayoría de su niñez en San Francisco, California, donde su familia era dueña de una pequeña casa. “Era algo muy importante para ellos el tener una casa,” dice Matz. “Y lo es. Pero la casa es en Hunter´s Point, similar a Compton en Los Ángeles. Crímen, prostitución, drogas – Es muy muy muy mal vecindario.” Matz asistió a una escuela pública y fue parte de hogares temporales dos veces antes de tener nueve años debido a abuso de sustancias en su familia. A la edad de nueve años, su madre se casó. “Él no era pobre… Mi padre me envió a una escuela privada.” Matz recuerda lo difícil que era para ella ajustarse a un nuevo entorno. “Había muchas cosas que debía aprender… la curva de aprendizaje era inmensa.” Cuando Matz era una adolescente, su madre y el hombre al que ella había llegado a conocer como su padre se divorciaron. Su familia ya no podía pagar la escuela privada, pero se le permitió que siga asistiendo. “No podía pagar. No sabía eso en ese momento, solo lo descubrí porque ellos se disculpaban por no poder darme mi diploma.” Los consejeros y maestros tomaron a Matz bajo su tutela y le ayudaron a aplicar a la universidad y a becas. Uno de ellos pagó para que ella tomara el SAT, otro la llevó a su entrevista en la Universidad del Pacífico. Pronto ella fue aceptada en la universidad (todos los institutos superiores a los que ella aplicó en realidad) y fue allí a donde asistió. Matz siempre pensó que asistiría a la universidad. “Se hablaba mucho sobre lo que se esperaba de mi (ir a la universidad) mientras crecía. Era algo que se suponía que yo debía hacer.” Pero nunca hubo un plan o ahorros para ayudarla a ir a la universidad. “A menudo en familias Afro americanas y nativo americanas hay un hijo/a al que se le dan todos los recursos para que triunfe.” Dice Matz. “Yo era esa hija, pero nadie entendía lo difícil que era serlo. Simplemente no entendíamos todas las partes.” A pesar de recibir becas y work-study, “había gastos que no podía cubrir… Tuve que dejar la Universidad del Pacífico.” Matz dice que estaba muy desilusionada cuando dejo la escuela después de un trimestre. “Sabía que quería regresar, pero no podía pagarla,” dice “En honor la verdad, simplemente pensé ‘Ya perdí el tren.’” ![]() Meies Matz with her children Matz se casó y tuvo hijos. “No fue sino hasta que mi hijo tenía un año que mi papá dijo ‘tal vez podrías tomar una clase,’ dice ella. “Fui al Instituto Comunitario de Pórtland (PCC) Silvana y me registré para una clase.” Matz dice que su experiencia en el instituto comunitario fue “simplemente increíble” Ella consiguió un trabajo con work-study en el laboratorio de computación y pudo llevar a sus niños al centro de cuidado infantil manejado por estudiantes. Ella recibió su diploma AA en educación infantil temprana. Fue a otro instituto superior comunitario en San Francisco para terminar algunos requisitos más y luego regresó a la universidad para recibir su Licenciatura. “Una vez que completé el sistema de 4 años, la ayuda financiera no era tan buena. Fue más difícil,” dice. “Las dos veces que estuve en universidades de 4 años casi me dije … esto es muy difícil.” A lo largo de su tiempo en la universidad, ella tuvo hijos enfermos, lupus, y un derrame cerebral a la edad de 27. “Hubo muchas veces que pensé ‘No puedo hacer esto,’” dice ella. “A pesar de que mentalmente podía hacer el trabajo, simplemente pensaba ‘No puedo,’” Pero lo logró, en parte gracias a los maestros flexibles. “Estuve a punto de dejar química, y mi profesor dijo que por qué simplemente no traes a tu bebé. Así que llevé a mi bebé.” Matz recuerda muchas instancias similares – maestros que la invitaban a llevar a sus hijos, que eran sus mentores, y a una mujer asiática que era directora del departamento de antropología. Esta mujer “lo entendía” dice Matz. “Ella entendía las dificultades inherentes a la obtención de un título universitario para una mujer de color.” ![]() Meies Matz with her husband and kids at the legislative office in Salem Matz da crédito a estas personas por ayudarla a terminar la universidad. “No puedo decirte la verdadera fuerza o el número que toma graduar a una persona,” dice. “Soy una historia exitosa pero no habría podido hacerlo sola.” A pesar de que Matz es todavía la primera en su familia que ha ido a la universidad, otros están comenzando a subirse al tren. “Mi hermano regresó a la universidad hace dos años, y dice que fue gracias a mí,” dice ella. “Mi hermana menor, tiene 20 años ahora, está en un instituto superior comunitario en el área de bahía (bay area). Poco a poco pero de forma segura, todos lo están logrando.” Matz puede listar las formas en las que su título universitario le ha cambiado la vida: “No tengo que preocuparme de mi vivienda. No tengo que mudarme todo el tiempo o ser desalojada como me pasó de joven. No me preocupo en la noche. Hay muchas cosas por las que mi familia (extendida) todavía se preocupa, yo tengo tres hijos maravillosos que no tienen idea la suerte que tienen, quienes dan por hecho que irán a la universidad. Es un regalo. Todos mis hijos irán a la universidad, es enorme. Es enorme para mí, mis hijos están seguros. Ellos van a buenas escuelas. Pudimos mudarnos porque queríamos que ellos vayan a mejores escuelas, somos privilegiados – todo gracias a un trozo de papel.” |
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